Te amo y no esperaré a conocerte, sé que leerás esto y ansioso correrás a ver tu suerte junto a mí, yo estaré aquí, disponible a tu encuentro..solo no espero morir en el intento.Así, textualmente, Georgina dejó un papelito, un escrito direto del alma, esperando que su hombre, su alma gemela la leyera y la buscara, para así ser felices los dos juntos.
¿Qué idea tan ingenua? Pues todo cobra sentido para una mujer de 25 años,estudiante, bibliotecaria y noble por naturaleza; con muchas decepciones y sinsabores vividos, ella soñaba con su otra mitad, complemento perfecto para su felicidad.
Dejó la notita en el pliegue de una banca del zócalo de la ciudad, banca que ella siempre observaba cuando salía de la biblioteca. Esperanzada, se fué a su casa y no pudo deja de pensar en lo maravilloso que sería encontrar a su compañero.
Un día llegó a la biblioteca un cliente muy peculiar; un hombre de u os 30 años, muy bien parecido, con cierto interés en un libro que ya no existía. Georgina, al saber bien que ese libro era ell que ella necesitaba para terminar su tesis, por lo que ella lo estaba ocupando; pero supo que sería lo mejor dárselo a ese pobre hombre que se veía angustiado y ansioso por encontrar ese libro. Él, asombrado, le agradece y, como símbolo de agradecimiento, le da su tarjeta, poniéndose así a su total disposición.
Terminó el exhaustivo día laboral de Georgina, y, perturbada por la tarjeta, la observó, y logró visualizar con letras grandes:
Fernando López Villa
Memorizó y trató de recordar ese nombre que se le hacía tan familiar. Rápido lo asoció con el chico que se sentaba atrás de ella en la secundaria, el mismo chico que cuando ella lloraba por la muerte de su abuelito la consolaba y trataba de hacerle su amargo día un tanto agridulce. Se vinieron a su mente varios recuerdos, y el sentimiento, ese tierno sentimiento de amor adolescente. Pasaron los días, y ella siguió bajo el embrujo de los recuerdos.
Luego de cinco días, por la puerta de la biblioteca entra el mismo hombre enigmático, y se dirije directo a Georgina; la mira a los ojos, ella también... lo segundo fueron sus manos unidas, juntando así sus labios.... Ella sabía que ya lo había encontrado... Él sabía que encontró lo que años había buscado. Después de ésta bella demostración de amor, todo en sus vidas fue puro romance... Lindas demostraciones de una amor verdadero.
Un día, pese a la felicidad que los embargaba, Fernando cayó en cama, desahusiado de cáncer de pulmón. Georgina, en ese momento, comenzó a volverse a sentir sola.
Llegó el fatídico día, el amargo adiós de estos tiernos enamorados. Durante el entierro, el adiós eterno a Fernando, Georgina desconsolada se quedó tan tarde em el sepulcro de su mortal rnamorado, pretendiendo pasarla junto a él. Luego de un rato, una oleada de aire muy fuerte hace que llegue hasta las manos de Georgina un papelito muy conocido... y es que era el mismo que ella, tiempo atrás, había dejado en aquella banca del zócalo... sólo que en el reverso venían escritas éstas palabras:
Te amaré y ansioso corrí a tu búsqueda... pero no fuí perfecto y aunque te encontré demasiado tarde, sé muy bien que el tiempo que pasamos juntos no lo olvidarás... espero pronto volverte a tener en mis brazos. Considerame siempre tuyo... y ten en mente que siempre te amaré...Fernando.
Al leer ésto, Georgina rompió en llanto... Pasó el tiempo y trató de buscar aceptación. Ahora, teniendo ya 70 años, no se arrepiente de no haberse casadom de haber dedicado el mayor tiempo de su vida en labores altruístas, y ahora, al final de su existencia, recuerda con ternura ese amor tan auténtico y espera con ansías estar entre los brazos de su eterno amante, Fernando, para así consumar su amor, que traspasó las barreras del tiempo y de la muerte; demostrando así la fortaleza de esa eterna unión.
Ramona Byron Moon (:
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